Viernes, 12 Enero 2018 00:00

“La gente saquea porque no hay comida, hay hambre y el dinero no alcanza: nos está matando el mismo gobierno”

 
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Las ventas de alimentos han cerrado casi toda la semana por temor a nuevos asaltos, lo que disminuye aún más la posibilidad de comprar comida Las ventas de alimentos han cerrado casi toda la semana por temor a nuevos asaltos, lo que disminuye aún más la posibilidad de comprar comida Foto William Urdaneta

Tanto autoridades como vecinos aseguran que los saqueos de esta semana en Ciudad Guayana son producto de la desesperación ciudadana por no tener seguridad alimentaria ni vislumbrar soluciones cercanas a la hiperinflación, desabastecimiento e incumplimiento de la entrega de bolsas del CLAP.

@OrianaFaoro

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Miedo ante ola de saqueos cierra más negocios en Ciudad Guayana

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Delincuencia se camufla en el descontento por hambre para propiciar saqueos en Ciudad Guayana

 

La hiperinflación y el desabastecimiento en Venezuela nunca había estado tan grave como este 2018. Ya desde inicios de diciembre, la escalada de los precios de la comida y artículos de primera necesidad surcaban los bolsillos de los guayacitanos y provocaba el lugar común: “aquí tiene que explotar algo, el pueblo no puede con estos precios”. Y explotó.

En los primeros 10 días de 2018 se han registrado saqueos en Caicara del Orinoco, Ciudad Guayana y Ciudad Bolívar. La oleada de asaltos multitudinarios ha afectado negocios pequeños y medianos en sectores populares.

Si bien en los saqueos se mezcla el vandalismo y la delincuencia, hay una causa principal que enardece cualquier indicio de rebatiñas por comida: “la gente saquea porque no hay comida, porque hay hambre y el dinero no alcanza… Nos está matando el mismo gobierno, señora… Mi nieto me dice abuela, quiero más, ¿De dónde voy a sacar más?”, confesó una anciana en Las Malvinas, mientras hacía cola en una venta de harina PAN, controlada por la Policía del estado Bolívar (PEB).

Prefirió no identificarse por temor a represalias. En Las Malvinas han saqueado al menos dos negocios desde el domingo, e intentaron robar otros dos, y ella está de acuerdo. “Aquí no llega el CLAP, cuando llegan productos Polar los quieren vender por las nubes. ¿Hasta cuándo uno puede aguantar esto?”.

Adrián Quiroz se dedica a vender helados caseros llamados tetas en las calles de Alta Vista Norte. “Antes eso me daba para mi mercado y hasta me quedaba para mi camisita, pero ahora no… El pueblo tiene hambre, señora, eso es todo lo que está pasando”, expresó.

- ¿Por qué saquear a las bodegas del barrio? ¿Dónde van a comprar después? 

- “Los bodegueros, en vez de ayudar, lo que hacen es reventar al pueblo. Ellos dicen que compran bachaqueado (sic) y por eso venden caro, pero nosotros no somos los culpables de eso”, respondió Quiroz, vecino de Las Malvinas.

Lo dijo a propósito de una protesta que hubo en la bodega Inversiones Fralup 2003, el miércoles, pues vendían a 20 mil bolívares empaques de harina PAN con Precio de Venta al Público (PVP) de 2.130 bolívares. “Eso es que la acapararon para venderla cara, tirándole duro al pueblo”, reclamó.

Quiroz mostró montones de billetes de 50 bolívares producto de su trabajo, que no puede gastar en comida porque la mayoría del comercio ha decidido no aceptarlos. “Yo sí tengo que aceptárselos a la gente porque si no, no vendo. Pero después, ¿Qué hago yo con esta plata?”, lamentó.

Iris Avilez, vecina de la UD-146, confirma que es difícil alimentarse. “Nosotros tenemos tres meses que no nos llega el CLAP al barrio y nos toca venirnos a Las Malvinas a comprar también el poquito de comida que hay, pero quisiéramos es la caja del CLAP y no rapiñar para comprar una harinita”, denunció. 

Patrullaje 

Los saqueos en masa empezaron el pasado domingo 7 de enero y han dejado al menos 20 negocios arrasados y más de 40 detenidos.

La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) ha reforzado el patrullaje continuo por las zonas álgidas, que en Ciudad Guayana han sido: Core 8, Las Amazonas y Villa Bahía en Puerto Ordaz; y Las Malvinas, UD-145 y UD-146, en San Félix; los asaltos se han reducido paulatinamente.

“Es pueblo llano el que sale a la calle… Salen hasta mujeres, niños, ancianos… Salen con morrales preparados a cargar lo que sea, y los malandros se aprovechan”, afirmó un funcionario militar que patrulla desde el domingo las calles de Ciudad Guayana.

Los guardias están cansados por la faena que empieza a las 7:00 de la noche y termina a las 3:00 de la madrugada. Priorizan los comercios más grandes, como ocurrió con el Supermercado Santa María, en San Félix, pero también patrullan barrio adentro. “Ellos nos tiran piedras y palos. Nosotros echamos gas (lacrimógeno) y salen corriendo”, admite. 

Ira colectiva 

El equilibrio económico se deshace en Venezuela. La falta de dinero en efectivo ha hecho que este último se convierta en un bien comerciable, al punto de que hay particulares que lo venden por una comisión de hasta 150%. Además, los bienes de primera necesidad son mucho más baratos si se pagan en efectivo y no con medios electrónicos; y, como todo producto, los billetes nuevos son los más preciados.

Unilateralmente, los comerciantes han dejado de recibir los de 50 y 100. Esto generó la oleada de saqueos del pasado 5 de enero en Caicara del Orinoco, donde comenzaron las muestras de descontento social.

Verse con montones de billetes sin valor, e ir a un abasto con precios impagables, son elementos que apuran la ebullición de un estallido social, con consecuencias catastróficas.

En Las Amazonas, sector popular de Puerto Ordaz ubicado al este de la parroquia Unare, ninguna de las bodegas saqueadas por sus propios vecinos volverá a abrir. En esta zona la turba también desvalijó la vivienda de Érika García, propietaria de la bodega Inversiones EE García, que también le saquearon. Este es un acto de vandalismo camuflado en el hambre y las ganas de arrebatar comida.

“Yo no vuelvo a abrir más, ahora que se jodan… Que salgan a Alta Vista a comprar comida”, replicó Neimelys Carrasquero, dueña de Casa Grande: La caridad del cobre, otra bodega saqueada el 8 de enero en Las Amazonas. “Lo que le hicieron a Érika (García) no tiene nombre y fue la misma gente de aquí, a la que uno le vende todos los días”. 

Ausencia de normas 

Los saqueos no son nuevos en Bolívar. Comenzaron desde 2015, cuando el 31 de julio de ese año ocurrió lo que el gobierno denominó como Guayanazo, en el que saquearon más de 30 comercios entre la avenida Manuel Piar y Vista al Sol, luego de una protesta por falta de transporte.

La política prolongada de precios controlados ha generado la inestabilidad de la población, que a diario también se encuentra cerrando calles para pedir agua potable, gas, comida del Comité Local de Abastecimiento y Producción (CLAP) y transporte público.

Esta realidad, aunada a la situación de impunidad que cobija al país -que registró una tasa de 98% en 2016 según el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV)- y la debacle productiva nacional por falta de divisas, son un caldo de cultivo que alimentan no solo el hambre, sino la potencial irrupción de la norma.

Incluso, el acaparamiento y la usura de ciertos grupos de comerciantes que denuncian los ciudadanos, también son resultado de la incertidumbre y la distorsión económica que crea el gobierno con sus políticas económicas y productivas, lo cual añade más factores que fomentan desviaciones sociales como la ola de saqueos que se respira en Guayana y varios sectores del país.

Ahora, con esta ecuación, la población se atreve a saquear locales, mezclando hambre con vandalismo, para intentar combatir una economía en la que el salario mínimo solo cubre el 10% de la canasta alimentaria familiar.

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