Este es el razonamiento: más controles, menos producción, más escasez. Bastó que el gobierno obligara a varias cadenas de supermercados a reducir sus precios –ninguna con sucursal en Ciudad Guayana– para que la escasez se agudizara en la otrora urbe industrial. “Ni lo básico se consigue”, lamentó una ama de casa, mientras el régimen, en su tozudez por un modelo económico fracasado y en la eterna excusa de una guerra económica que pocos creen, sigue sin atender la emergencia humanitaria nacional.

En el décimo mes del año, se requerían 19 salarios mínimos para cubrir la cesta de alimentos para una familia de cinco miembros.

Una familia venezolana requería 12,3 salarios mínimos para cubrir la cesta de alimentos del tercer mes del año, sin considerar servicios públicos.

Ante la escasez y el desabastecimiento, las familias se las ingenian para llevar la proteína y carbohidrato a la mesa. Yuca y sardinas es el plato más popular en Guayana.

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